miércoles, 20 de junio de 2012

AQUÍ ESTAMOS. RICHARD AVEDON, RICHARD BILLINGHAM, PAZ ERRÁZURIZ, LILLA SZÁSZ


El Círculo de Bellas Artes acoge esta exposición de cuatro fotógrafos que han desarrollado su trabajo en contextos geográficos y generacionales muy diversos, y muestran sin embargo un común interés por retratar historias insertas en entornos muy específicos o en el límite de lo ordinario, así como una capacidad para generar momentos únicos de confianza e intimidad con los sujetos de sus fotografías.

En su búsqueda por “hacer retratos tan intensos como las personas”, Richard Avedon (Nueva York 1923–2004) ha producido fotografías que subvierten las estrechas reglas del retrato halagador y la imagen comercial, llevando a personajes icónicos – como los Duques de Windsor o Marilyn Monroe- a un lugar entre grave y grotesco que desmantela la imagen que se espera de ellos.

Con veinte años, Richard Billingham (Birmingham, 1970) comenzó a fotografiar a su familia en el piso en que residían. Seis años después, lo que había empezado como una fuente de imágenes para sus pinturas se había convertido en un conjunto sustancial que salió a la luz en forma de libro. No era un contexto fácil de hacer público, no sólo porque revela el desolador cotidiano de una familia pobre, sino porque las instantáneas pertenecen a un ámbito de confianza y privacidad.

Las series de Paz Errázuriz (Santiago de Chile, 1944) muestran una actitud similar de penetración emocional en ámbitos y sujetos a menudo difíciles que viven en los márgenes del sistema o cuyas vidas se han visto sumidas en la precariedad y la vulnerabilidad. Errázuriz retrata a boxeadores fuera del cuadrilátero o momentos nimios en la vida de personas que viven de la prostitución, mostrando la fuerza interior que impulsa estas existencias excéntricas.

El sentido del humor y un profundo respeto habitan el trabajo de Lilla Szász (Budapest, 1977), que capta escenas cotidianas en un proceso a la vez fotográfico y personal. Las series que se muestran en esta exposición suponen un intento de participar en la realidad de “almas, vidas, historias” que Szász considera transformadoras precisamente por su peculiaridad. Y así nos invita a asomarnos al día a día de héroes de la Armada rusa forzados al exilio a causa del antisemitismo de su propio país, o, muy lejos de allí, al placer de la conversación y los baños de sol en San Petersburgo.