miércoles, 7 de noviembre de 2012

Exposición “Sorolla. Jardines de luz” en el Museo Sorolla de Madrid


En el Museo Sorolla de Madrid se ha inaugurado la exposición “Sorolla. Jardines de luz”, donde puede visitarse hasta el 5 de mayo de 2013. La exposición se ha mostrado previamente en el Palazzo dei Diamanti (Museo de Bellas Artes) de Ferrara, Italia, y en el Palacio de Carlos V en La Alhambra (Museo de Bellas Artes de Granada). En cada una de estas sedes la exposición tiene un matiz distinto. El Museo Sorolla ahonda en las representaciones del propio jardín de la casa, último refugio del pintor. Aquí la exposición se compondrá de 56 óleos, de los cuales 24 son de colección particular, muchos de ellos nunca expuestos antes y algunos no vistos en las exposiciones anteriores. Además se presentarán dibujos, fotografías, cartas y otros documentos.

La exposición cuenta con cuatro ámbitos: Agua, Patio, Jardín y Jardín de la Casa Sorolla. Los tres primeros, Agua, Patio y Jardín, introducen al visitante en la poética que abordó Sorolla en sus últimos años cultivando valores de intimidad e introspección a través de representaciones de patios solitarios y juegos de agua característicos del jardín andaluz.

Jardín de la Casa Sorolla reúne el núcleo principal de la exposición. La lección de los patios y jardines andaluces resultará crucial para la configuración del “jardín de artista”, que Sorolla construye en su casa de Madrid. Sorolla lo concibe como espacio de intimidad familiar y también como fuente de inspiración para su trabajo, y dedicará sus últimos años a su creación y recreación, al tiempo que extraerá de él un caudal inagotable de motivos pictóricos. En el proceso de realización de ese jardín no sólo copia algunos rincones concretos de los jardines sevillanos y granadinos que tan bien conoce, sino que trasplanta al centro de la meseta castellana fuentes, azulejos, columnas, estatuas, árboles frutales o plantas ornamentales apasionadamente buscadas y traídas desde Andalucía. La lección de esencialidad, intimidad y lirismo que Sorolla había aprendido en los patios y jardines andaluces, queda así sublimada en el juego de espejos que tejen los artificios paralelos de su jardín último y su última pintura.